Tampoco es que no haya escrito por haber estado de vacaciones ¡ya me gustaría! Bueno, o no, la verdad. El concepto de vacaciones ha cambiado mucho desde que soy madre. Es cierto que duermo algo más, porque el despertador no suena a las 6:00 de la madrugada (debería estar penado por ley tener que levantarse tan temprano, en serio) pero, aparte de eso, no hay demasiadas diferencias entre trabajar o estar de vacaciones, la verdad, a mí el cansancio no se me quitará hasta que me tome unas "vacaciones de madre", pero de momento va a estar complicado pedírmelas.
Pero hoy no quiero hablar de las vacaciones así, en general, si no de la logística que ha implicado irnos de vacaciones desde que soy madre.
La "crisis" también pasó por nuestra casa hace algunos años, y desde entonces a mi chico le toca trabajar en verano. Razones aparte, esto nos ha hecho replantearnos la forma de tomarnos las vacaciones.
Sin niños era fácil, yo cogía una semana para descansar en verano y el resto en invierno cuando, además, viajar es mucho más económico. Además, por las tardes y los fines de semana yo podía tostarme al sol en la piscina, así que, aunque no fuésemos a la playa, yo estaba morena.
El primer verano de Peque yo estaba de baja por maternidad, y nos hacía ilusión eso de que fuese el enano a la playa, así que allí que nos fuimos mis padres, Peque y yo en el coche, cargados de bártulos. Churri se acercó los dos días que libraba.
El segundo año hicimos una escapada de tres días con unos amigos. Íbamos los tres solos a un hotel y la cosa fue más o menos fácil.
El año pasado cogí una semana de vacaciones en mayo y nos fuimos los tres, para que padre e hijo pudiesen disfrutar de la playa. Fue un viaje cómodo y disfrutamos mucho, sobretodo Churri, que en verano no puede estar con los enanos tanto como quisiera y se pierde muchas experiencias. En esas vacaciones estaba ya embarazada de dos meses, pero todavía no lo sabía (y yo amargada por el "barrigón" que tenía). En septiembre me fui otra vez a la playa con mis padres y con Peque. La cosa fue un poco más caótica, porque éramos 3 adultos en vez de 2, pero no fue mal la cosa.
Lo divertido ha venido este año, que me he atrevido a irme a la playa con mis padres y los dos enanos ¡¡¡en un solo coche!!! Yo no me explico cómo nosotros nos hemos llegado a ir a la playa 4 adultos y 2 niños en un 127, en serio. Se suponía que llevábamos lo "justo", porque además mi chico al cuarto día se acercaba y a la vuelta nos veníamos en dos coches, así que dejamos algunas cosas en Mérida, que él nos acercaría al venir. Pues ni por esas. Antes de salir él se encargó de meter el equipaje en el coche. Su frase, al volver del garaje, lo explica todo: "si alguno estornuda, se abren las puertas del coche".
Pero, a pesar de todo, repetiría la experiencia sin dudarlo. Peque disfruta en la playa más que yo, oír su risa mientras jugábamos con las olas es de los mejores momentos que he vivido, sin lugar a dudas. Y Hermanito también ha disfrutado de lo lindo, se ha echado unas siestas tremendas en la playa y, pese ponerle bajo dos sombrillas y untarle en protección, ha venido con un moreno que está para comérselo.
Si a eso le acompañas la cara de felicidad de mis padres al ver a sus nietos y jugar con ellos y, vamos a ser sinceros, el hecho de compartir el trabajo que dan dos niños en la playa con dos adultos más, me parece que la balanza está clara. Me veo viajando cada verano bien cargadita de pasajeros y equipaje durante muchos más veranos.
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