Lo de la presencia de una nueva Diputada en el Congreso con su hijo nos pilla ya a todos un poco lejos, pero esta semana, por mis circunstancias personales, he vuelto a acordarme del tema, y me ha hecho más o menos la misma gracia, es decir, ninguna.
Sé que lo que voy a decir es políticamente incorrecto y que algunos me tacharán de vete tú a saber qué (y probablemente será una definición muy alejada a la realidad), pero sinceramente, me pareció una patochada para llamar la atención y punto, y que no va a conseguir nada en favor de la conciliación, por mucho que sea eso lo que van diciendo, la verdad.
A finales del año pasado mi chico consiguió un trabajo estupendo. Le encantaba (algo que no le había ocurrido con otros trabajos que ha tenido en los últimos años) y estaba muy cerca de casa. Además, no era a jornada completa, y aunque por ese motivo obviamente los ingresos en casa no eran tantos, por otro lado le permitía tener un horario estupendo para llevar y recoger al Mayor en el cole.
Pero el año pasado se fue y se llevó con él el puesto de trabajo. Así que volvía a ser amo de casa. Lo malo, obviamente lo económico. Lo bueno, los enanos estaban atendidos.
Afortunadamente acaban de llamarle para un nuevo trabajo, a jornada completa. Lo bueno, el lado económico, vuelven a entrar dos sueldos en casa y el sigue cotizando para el futuro. Lo malo, la conciliación.
Coincide justo que su reincorporación a la vida laboral viene de la mano con un viaje de mis padres, así que la primera pregunta fue ¿qué hacemos con los niños?
Salimos los dos muy pronto de casa, a horas que las calles no están puestas, así que me parece inhumano tener que sacar a los niños a esas horas (me consta que hay padres que lo hacen porque no cuentan con la ayuda de familiares y no se pueden permitir otra cosa, y yo haría lo mismo, pero en mis circunstancias, ni me lo planteo).
Podríamos buscar ayuda ajena, pero tendría que quedarse muchas horas y el Menor estaría todo ese tiempo con una persona que no conoce. Así, de buenas a primeras, pasa de estar con la familia a estar con un extraño más de 8 horas seguidas, y sólo con esa persona. Además, la única persona que conozco de confianza para dejar al cuidado de mis hijos ni siquiera se puede quedar todas esas horas todos los días.
La última opción es que yo me coja vacaciones para quedarme con los niños durante esa semana de "conflicto" sin abu-canguros.
¿Cuál creéis que ha sido la opción elegida? ¡¡¡Premio!!! Una semana de mis escasas vacaciones que me tengo que coger en febrero, cuando ni siquiera hace buen tiempo, para poder atender a mis hijos. Por si fuera poco, me pilla en una semana de bastante jaleo en el trabajo, así que me tocará trabajar desde casa.
Así que sí, me estoy acordando, y mucho, de la Diputada que acudió con su hijo al Congreso y me está haciendo mucha gracia, sí, muchísima. Sobretodo cuando me acuerdo de que ella tiene con quién dejar a su hijo, es más, tiene donde elegir, ya que tiene una persona que se le cuida y a la que el bebé ya conoce y además tiene una guardería para el personal del Congreso que está justo al lado.
Entonces habrá gente que me dirá que es cierto que las mujeres no podemos llevarnos a nuestros hijos al trabajo, pero que ella no lo hizo para restregárnoslo por la cara, si no para poner el problema sobre el tapete y que se hable de él para que de verdad se propongan medidas para la conciliación. Pues lo siento, pero no me lo creo. Mi opinión es que fue algo puramente demagógico y publicista, sin ninguna consecuencia real para mejorar la conciliación de la vida familiar con la vida laboral.
Hace falta que los políticos y los empresarios entiendan que sin niños se presenta un futuro muy oscuro para nuestro país, y que los hombres se conciencien de la importancia que tiene la paternidad. Cuando sean ellos los que exijan bajas de paternidad, tan largas y compatibles con la de maternidad, cuando sean ellos los que se pidan permisos si sus hijos enferman, cuando sean ellos quienes acudan a hablar con los profesores y a las citas médicas de sus hijos, es decir, cuando sea indiferente contratar a un hombre o a una mujer pensando en si van a tener hijos en un futuro, porque ambos reaccionarán de igual forma, quizás entonces podamos hablar de establecer medidas de conciliación reales.
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2 de febrero de 2016
6 de agosto de 2015
Vacaciones
No, no es que vaya a dejar de escribir por estar de vacaciones ¡¡vergüenza me tendría que dar publicar tan poco!! (Ay, qué inocente fui al pretender publicar un par de post al mes en mis objetivos para 2015)
Tampoco es que no haya escrito por haber estado de vacaciones ¡ya me gustaría! Bueno, o no, la verdad. El concepto de vacaciones ha cambiado mucho desde que soy madre. Es cierto que duermo algo más, porque el despertador no suena a las 6:00 de la madrugada (debería estar penado por ley tener que levantarse tan temprano, en serio) pero, aparte de eso, no hay demasiadas diferencias entre trabajar o estar de vacaciones, la verdad, a mí el cansancio no se me quitará hasta que me tome unas "vacaciones de madre", pero de momento va a estar complicado pedírmelas.
Pero hoy no quiero hablar de las vacaciones así, en general, si no de la logística que ha implicado irnos de vacaciones desde que soy madre.
La "crisis" también pasó por nuestra casa hace algunos años, y desde entonces a mi chico le toca trabajar en verano. Razones aparte, esto nos ha hecho replantearnos la forma de tomarnos las vacaciones.
Sin niños era fácil, yo cogía una semana para descansar en verano y el resto en invierno cuando, además, viajar es mucho más económico. Además, por las tardes y los fines de semana yo podía tostarme al sol en la piscina, así que, aunque no fuésemos a la playa, yo estaba morena.
El primer verano de Peque yo estaba de baja por maternidad, y nos hacía ilusión eso de que fuese el enano a la playa, así que allí que nos fuimos mis padres, Peque y yo en el coche, cargados de bártulos. Churri se acercó los dos días que libraba.
El segundo año hicimos una escapada de tres días con unos amigos. Íbamos los tres solos a un hotel y la cosa fue más o menos fácil.
El año pasado cogí una semana de vacaciones en mayo y nos fuimos los tres, para que padre e hijo pudiesen disfrutar de la playa. Fue un viaje cómodo y disfrutamos mucho, sobretodo Churri, que en verano no puede estar con los enanos tanto como quisiera y se pierde muchas experiencias. En esas vacaciones estaba ya embarazada de dos meses, pero todavía no lo sabía (y yo amargada por el "barrigón" que tenía). En septiembre me fui otra vez a la playa con mis padres y con Peque. La cosa fue un poco más caótica, porque éramos 3 adultos en vez de 2, pero no fue mal la cosa.
Lo divertido ha venido este año, que me he atrevido a irme a la playa con mis padres y los dos enanos ¡¡¡en un solo coche!!! Yo no me explico cómo nosotros nos hemos llegado a ir a la playa 4 adultos y 2 niños en un 127, en serio. Se suponía que llevábamos lo "justo", porque además mi chico al cuarto día se acercaba y a la vuelta nos veníamos en dos coches, así que dejamos algunas cosas en Mérida, que él nos acercaría al venir. Pues ni por esas. Antes de salir él se encargó de meter el equipaje en el coche. Su frase, al volver del garaje, lo explica todo: "si alguno estornuda, se abren las puertas del coche".
Pero, a pesar de todo, repetiría la experiencia sin dudarlo. Peque disfruta en la playa más que yo, oír su risa mientras jugábamos con las olas es de los mejores momentos que he vivido, sin lugar a dudas. Y Hermanito también ha disfrutado de lo lindo, se ha echado unas siestas tremendas en la playa y, pese ponerle bajo dos sombrillas y untarle en protección, ha venido con un moreno que está para comérselo.
Si a eso le acompañas la cara de felicidad de mis padres al ver a sus nietos y jugar con ellos y, vamos a ser sinceros, el hecho de compartir el trabajo que dan dos niños en la playa con dos adultos más, me parece que la balanza está clara. Me veo viajando cada verano bien cargadita de pasajeros y equipaje durante muchos más veranos.
Lo que está claro es que la playa con los abuelos es mucho más divertida y que, aunque no me ha dado mucho tiempo de relajarme y de leer, por mas que veáis el libro de Lucía Be ahí tan bonito al lado del capazo, lo de ver a Peque comer coquinas por primera vez y relamerse no tiene precio.
Tampoco es que no haya escrito por haber estado de vacaciones ¡ya me gustaría! Bueno, o no, la verdad. El concepto de vacaciones ha cambiado mucho desde que soy madre. Es cierto que duermo algo más, porque el despertador no suena a las 6:00 de la madrugada (debería estar penado por ley tener que levantarse tan temprano, en serio) pero, aparte de eso, no hay demasiadas diferencias entre trabajar o estar de vacaciones, la verdad, a mí el cansancio no se me quitará hasta que me tome unas "vacaciones de madre", pero de momento va a estar complicado pedírmelas.
Pero hoy no quiero hablar de las vacaciones así, en general, si no de la logística que ha implicado irnos de vacaciones desde que soy madre.
La "crisis" también pasó por nuestra casa hace algunos años, y desde entonces a mi chico le toca trabajar en verano. Razones aparte, esto nos ha hecho replantearnos la forma de tomarnos las vacaciones.
Sin niños era fácil, yo cogía una semana para descansar en verano y el resto en invierno cuando, además, viajar es mucho más económico. Además, por las tardes y los fines de semana yo podía tostarme al sol en la piscina, así que, aunque no fuésemos a la playa, yo estaba morena.
El primer verano de Peque yo estaba de baja por maternidad, y nos hacía ilusión eso de que fuese el enano a la playa, así que allí que nos fuimos mis padres, Peque y yo en el coche, cargados de bártulos. Churri se acercó los dos días que libraba.
El segundo año hicimos una escapada de tres días con unos amigos. Íbamos los tres solos a un hotel y la cosa fue más o menos fácil.
El año pasado cogí una semana de vacaciones en mayo y nos fuimos los tres, para que padre e hijo pudiesen disfrutar de la playa. Fue un viaje cómodo y disfrutamos mucho, sobretodo Churri, que en verano no puede estar con los enanos tanto como quisiera y se pierde muchas experiencias. En esas vacaciones estaba ya embarazada de dos meses, pero todavía no lo sabía (y yo amargada por el "barrigón" que tenía). En septiembre me fui otra vez a la playa con mis padres y con Peque. La cosa fue un poco más caótica, porque éramos 3 adultos en vez de 2, pero no fue mal la cosa.
Lo divertido ha venido este año, que me he atrevido a irme a la playa con mis padres y los dos enanos ¡¡¡en un solo coche!!! Yo no me explico cómo nosotros nos hemos llegado a ir a la playa 4 adultos y 2 niños en un 127, en serio. Se suponía que llevábamos lo "justo", porque además mi chico al cuarto día se acercaba y a la vuelta nos veníamos en dos coches, así que dejamos algunas cosas en Mérida, que él nos acercaría al venir. Pues ni por esas. Antes de salir él se encargó de meter el equipaje en el coche. Su frase, al volver del garaje, lo explica todo: "si alguno estornuda, se abren las puertas del coche".
Pero, a pesar de todo, repetiría la experiencia sin dudarlo. Peque disfruta en la playa más que yo, oír su risa mientras jugábamos con las olas es de los mejores momentos que he vivido, sin lugar a dudas. Y Hermanito también ha disfrutado de lo lindo, se ha echado unas siestas tremendas en la playa y, pese ponerle bajo dos sombrillas y untarle en protección, ha venido con un moreno que está para comérselo.
Si a eso le acompañas la cara de felicidad de mis padres al ver a sus nietos y jugar con ellos y, vamos a ser sinceros, el hecho de compartir el trabajo que dan dos niños en la playa con dos adultos más, me parece que la balanza está clara. Me veo viajando cada verano bien cargadita de pasajeros y equipaje durante muchos más veranos.
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